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Möbius y la política

  • Foto del escritor: Lucrecia Casemajor
    Lucrecia Casemajor
  • 17 nov 2018
  • 3 Min. de lectura

La banda o cinta de Möbius, que fue descubierta de forma independiente por los matemáticos alemanes August Ferdinand Möbius y Johann Benedict Listing en 1858, –y ha sido objeto de asombro e inspiración para matemáticos, psicoanalistas de fama, artistas, cineastas y filósofos–, nos sigue resultando un elemento casi mágico, porque desafía las leyes de la física a las que estamos acostumbrados. Porque lo que aparenta ser una cinta de dos caras, tiene una sola. Y lo que parecen ser dos aristas, es una y la misma siempre. Casi mágico.





Históricamente, la física y la geometría han prestado sus modelos para ayudarnos a mostrar los intangibles, las subjetividades de las que somos dignos, los aconteceres humanos para los que no hay santo Tomás que pueda tocarlos.


La banda de Möbius le permitió a Escher –matemático y artista de los mundos imposibles– mostrar el camino de hormigas que siempre están entrando y saliendo del interior al exterior sobre una misma cinta. Con ella, el cine, las matemáticas, la ingeniería, la arquitectura, la topología, el diseño y otras disciplinas han investigado, han registrado inventos y han construido imágenes de esos mundos inimaginables para nuestra mente.


Por su versatilidad, esta famosa cinta –cuando le encontramos la vuelta– podemos aplicarla a situaciones cotidianas, para ver lo que antes no podíamos, para entender y comprender mejor algunos sucesos de nuestra realidad, para abrirnos al mundo de posibilidades y probabilidades irresueltas por nuestra bochornosa testarudez, para reflexionar más cuidadosamente sobre los cambios que nos están prepeando y llevando por delante sin que nos demos cuenta. Será arriesgado, pero no menos prometedor, emplearla aplicándola a la política.


En este tiempo de radicalidades inoperantes, de enfrentamientos estériles, de comprar grietas como paradas de buzones  –esas que otros construyen y las hacemos nuestras–, de violencias acontecidas por el carácter irracional de lo que suponemos que son nuestros propios pensamientos; en este tiempo nuestro, acontecidos también por los siglos, por una historia tan real que ya nos mató a pedazos, seguimos siendo tentados a diario por dividirlo todo entre el ustedes y el nosotros, lo social y lo individual, lo público y lo privado, lo interno y lo externo, lo de arriba y lo de abajo, lo de adentro y lo de afuera, lo igual y lo diferente, el continente y el contenido, la acción y la comunicación, los electores y los votantes.

La cinta de Möbius permite que podamos ver, de manera concreta y fehaciente, que ya no existen los límites entre uno y otro lado. Porque si deslizamos en esta banda a una persona, terminaríamos viendo que es la misma siempre por más vuelta que le demos, y no es una en apariencia y otra en su interior.


Igualmente, podemos disponemos a mirar dónde termina el individuo y empieza lo social; dónde comienza y dónde termina lo igual y lo diferente; cuáles son los límites entre el continente y el contenido; cómo entrarle a una acción que sea comunicación y una comunicación que sea acción; quiénes son para la política los electores y los votantes.

Si nos damos a la posibilidad de deslizarnos por este tobogán casi mágico empezando a mirar las necesidades de las personas reales en su mundo real –no el que nosotros imaginamos– veremos que podríamos estar más cerca de cada uno, porque yo soy el otro de ese otro mío que me muestra toda su realidad y, viéndolo en su extrema debilidad, yo también le estoy mostrando la mía sin mentiras ni falsedades.


Y quizá así, no cometeríamos la torpeza de entrar en ninguna grieta, ni nos haríamos parte ni la difundiríamos, porque la grieta es lo que queda en el medio y es en la que nos caemos todos juntos. Los bandos que se multiplican según las verdades últimas de cada uno, también. Todos juntos, caídos en la grieta.


Apostemos y atrevámonos a deslizarnos por un país de una sola cara, que sólo se banque adversarios. En el juego, con la consciencia de la necesidad lúdica y de competencia de todo ser humano, como un Boca–River, también casi mágico que nos espera ya mismo. En la política, como se despidió Balbín de Perón, dejando una manera de decir para la historia presente.


Möbius nos abre una pregunta entonces. Si electores son todas las personas que tienen derecho a voto y votantes son todas las que emitieron su voto, ¿cómo deslizarnos por esta cinta para hacer realidad la fuerza de la democracia?


8 de noviembre 2018


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